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EL NUEVO SOCIALISMO. LA DICTADURA NECESARIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El mundo es muy diferente hoy a lo que era hace veinte años y, todavía más, hace treinta. Desde el fin del bloque socialista que se anticipaba como el fin de la civilización y la hegemonía americana donde en los años de la cruenta guerra de Yugoslavia se llamaba a falsos cantos de libertad (el deseo de Clinton de derribar el socialismo termino con masacres indirectas en Belgrado y Croacia por parte de Occidente cuyas reacciones por parte de Serbia culminaron en tragedias como la de Sebrenica y la caída y muerte de Milosevic), se entró en un nuevo siglo marcado por el terrorismo islámico y el gobierno total de Washington sobre el mundo.

La tiranía islámica del talibán fue derribada en una guerra (la única) completamente justa por parte de Occidente (dirigida por Bush). Pero la codicia empresarial movió a derribar también al Irak (en 2003) y Siria baath (tras una dura guerra civil, en 2024).

Esas guerras de Oriente Medio donde se ridiculizaba en las televisiones a Hussein pero se minimizaban las masacres de civiles y periodistas por parte de los Marines (ningún director de cine de Hollywood hizo comedia de esto), como la de José Couso, español, eliminaron la poca estabilidad que existía en el Oriente árabe y trajeron algo mil veces peor.

El estado islámico surgido de las cárceles de Camp Bucaa llevó a una guerra indirecta de los yihadistas contra todo y contra todos, dirigidos por Al Baghdadi y cometiendo tragedias contra los yazidies o las minorías kurdas. Las mismas que se organizaron en el ejército rojava, contra ese extremismo islámico. Estados Unidos, en este caso bajo Obama, no participó ni se le esperó.

¿Se ganó algo tras la guerra de Yugoslavia? No. El mundo balcánico se rompió todavía más y aunque ahora se encuentra integrado en la UE, las micronaciones resultantes no consiguen crear una economía competente que pueda competir con las más grandes del mundo.

¿Y las guerras de Oriente? Salvo la de Afganistán, que era necesaria para liberar a los civiles de los cafres yihadistas que lapidaban y tiroteaban mujeres en plena calle (dirigidos por el emir Omar), tampoco. Aunque no fuera muy democrática su presencia, tanto Gadafi como Hussein como otros líderes víctimas de esa mal llamada primavera árabe permitían crecimiento económico y estabilidad. Hasta turismo. Ahora, en 2025, es todo un riesgo para cualquier visitante ni siquiera acercarse a esas naciones. Sólo se salvan Arabia Saudi y Emiratos Árabes, bendecidos por el todopoderoso petróleo en sus altas torres financieras.

El socialismo fue borrado por completo, también de Rusia, cuyo nuevo líder Putin (tras el periodo de transición de Yeltsin) aboga en los últimos veinticinco años por un nacionalismo a la vieja usanza, más propio de los tiempos de Pedro I que de Stalin.

China, aunque mercantil, bajo los mandatos de Zemin, Jintao y ahora Jinping mantiene al menos su forma jurídica original del país que lideró Mao en los cuarenta.

Sólo Cuba, Vietnam y Laos parecen mantenerse en la estructura socialista marxista, aunque no se sabe por cuánto. Muerto Fidel Castro en 2016, el país caribeño parece huérfano de un líder carismático que lidere a Cuba a ser la cabeza otra vez, del tercer Mundo.

Y en Occidente, sin muchos cambios visibles. Más allá de personalismos presidenciales, la historia de Europa y EEUU parece resumirse en republicanos/conservadores europeos y demócratas/socialdemócratas europeos. Elección tras elección, en todos los países, al gobierno o al estado, no se ha salido de esa fórmula.

Sólo la corriente MAGA de Trump (Presidente de USA casi por accidente al cual le gustan las viejas fórmulas proteccionistas que encandilan a los pobres conservadores americanos) y el libertarianismo extremo de Milei (un Presidente argentino perfecto para cuadrar cuentas y números ante instituciones internacionales, pero incapaz de asegurar la comida básica hospitalaria a cualquier enfermo que la requiera) se salen del discurso tradicionalmente navideño y mediocre de los buenos y malos votantes democráticos europeos que tantos abrazos dan al mundo y tan mal lo tratan.

¿Que deben hacer los socialistas revolucionarios de todo cuño ante esto? Organizarse. Crear estructuras, partidos... Ganar elecciones una y otra vez con todos los medios posibles, incluso empleando (y robando) dinero público y cadenas de medios de todos (para todos). Financiarse es una prioridad número uno, incluso si los métodos no son muy legales.

Si las revoluciones callejeras no son la moda ahora mismo, se pueden sustituir por partidos socialistas con cuadros bien formados que compren todos los medios posibles que sean adversos y se lancen a propagar un mensaje electoral reiterativo al electorado que permita ganar todas las elecciones posibles, implantando una dictadura de partido único de facto aunque se mantenga la estructura democrática tradicional.

El mejor ejemplo lo tuvo el Partido Revolucionario Institucional en México. Se podrá criticar su autoritarismo, pero México pasó de ser una nación de campesinos con ferrocarril a una economía de servicios altamente financiera que vive sobre todo del turismo. En cincuenta años, desde los 20 a los 70, el país se transformó completamente. Y, en teoría y hasta cierto punto práctica, seguía siendo una democracia al estilo occidental.

Esa debe ser la nueva estrategia de los partidos socialistas puros, incluidos los eficientes. Como ya vieron algunos grupos populistas como Podemos (con Pablo Iglesias) en España, si se controlan los medios, se controlan las elecciones.

La idea es que un partido socialista compre todos los medios de comunicación posibles (la mayoría), atosigue a la opinion pública con el mensaje de que sin su voto el país se irá al desastre y se machaque a la ciudadanía hasta que se consigan sus votos.

Con mayoría parlamentaria y gobierno formado, cada partido socialista en cada país de Occidente tiene que crear un estado gigantizado de funcionarios y empleados públicos a costa de los empleados privados. Sin expropiaciones directas, pero si indirectas como con tasas al turismo, impuestos especiales o aranceles contra países más débiles.

Más caja, más funcionarios. Si las elecciones se ganan una y otra vez habrá estabilidad y crecimiento, como en una dictadura. Si alguna nación externa protesta, se le hace algún favor apoyando alguna operación militar puntual donde agradezcan colaboración u otra base militar nueva en el propio país (de esa nación).

Si algún día, el mundo cambia la relación de fuerzas, el partido socialista hegemónico que tenga una dictadura encubierta en la nación descrita como democrática podrá tantear y eliminar a todos los generales que se opongan al socialismo y encarcelarlos bajo un pretexto de falso golpe de estado.

Entonces, con el ejército renovado bajo la bandera roja, si el mundo se encierra en proteccionismo regionalista, se lanza al ejército domesticado a asaltar las instituciones de todo el estado y a proclamar el nacimiento de un nuevo estado socialista. A los extranjeros se les calma diciéndoles que solo serán cambios estéticos que no afectarán ni a sus inversiones ni a sus empresas en el país. Enarbolada la nueva bandera roja en la nación, se procede a socializar la economía primero comprando la propiedad (la batalla de la estatización) para después nacionalizarla por la fuerza cuando la presencia extranjera sea más mínima y difícil de intervenir.

Entonces habrá nacido un estado socialista. El socialismo volverá al mundo, poco a poco. En cada país, en cada rincón... En todo el planeta.

Sería como hizo el PSOE en España, hegemonizando los medios y las intervenciones públicas (1982-1996, 2004-2011, 2018-2025), pero con un verdadero partido socialista y con un control mucho más profundo de la mayoría de medios. Todos tienen que depender del estado, en mayor o menor medida. A todos se les tiene que poder chantajear.

Este trabajo lo puede hacer o un partido socialista eficiente, o uno socialista genérico que admita variedades dentro del socialismo, como Izquierda española.

Poco a poco. Primero esos partidos necesitan doparse de dinero y comprar todos los medios posibles. Sólo después van a las elecciones, sabiendo que las han ganado de antemano. La dictadura de la opinión pública sustituirá así a la del proletariado. Al menos, al principio.

Que el mundo sea rojo, que seamos todos rojos y que la sociedad humana avance depende solo de nosotros. De nosotros... Y del socialismo.

¡¡Viva la Internacional!!

 
 
 

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